Facultad de Humanidades

images/2026_I/WhatsApp_Image_2026-02-12_at_91755_AM.jpeg
images/2026_I/BANNER_H.png
previous arrow
next arrow
Facebook
Twitter
Youtube
Linkedin

Un Asunción muy personal: conversación con Mónica Chamorro Mejía sobre su novela y su premio.

Esta semana una grata noticia irrumpió la cotidianidad de nuestras labores en la Facultad de Humanidades: la novela Asunción, escrita por la profesora Mónica Chamorro Mejía, de la Escuela de Ciencias del Lenguaje, para más precisión, del Departamento de Lingüística y Filología, había obtenido el XVI Premio Tristana de Novela Fantástica. Este premio es otorgado por la municipalidad de Santander (España), y según el Ayuntamiento, para esta edición se presentaron 258 obras originales. Para fortuna nuestra, pudimos conversar con Mónica; la primera de muchas entrevistas, pues la tanto por su obra precedente, como por la futura, conversar con ella será enriquecedor para acercarnos y reconocer todo su particular universo literario.

Felicitaciones por su premio y gracias por concedernos este espacio. ¿Cómo fue esto del premio?

La municipalidad de Santander organiza cada año una serie de premios, y el premio de literatura que hace un tiempo era solo el premio Tristana de literatura, (seguramente haciendo un homenaje a la obra Tristana de Benito Pérez Galdós), hace algunas ediciones, porque ese es un premio con un buen número de ediciones, efectivamente esta es la edición número 16, se transformó en un premio específicamente de novela fantástica. Pese a que Tristana es una novela realista, el premio es actualmente de novela fantástica, y en sus últimas dos ediciones ha premiado a escritores latinoamericanos: a una venezolana el año pasado y a un argentino el antepasado. Para este premio no había participado, por supuesto que he participado en otros a lo largo de mi vida literaria, con mayor o menor fortuna en algunos casos, pero, efectivamente, en esta ocasión tuve la suerte de gustar al jurado. A veces se dice que hay algo de suerte en esto y yo creo que la hay. Y probablemente hay una suerte de correspondencia entre las elecciones estéticas que uno hace como novelista y las necesidades simbólicas, en este caso, del mundo hispanoamericano. Entonces en el caso de mi novela, curiosamente, un tema que es muy frecuentado como es la vida de José Asunción Silva, yo hice una propuesta que no tiene nada qué ver con la novela biográfica, sino simplemente está inspirada en José Asunción Silva como personaje. Yo quisiera agregar que no es precisamente el José Asunción Silva real, aquel que se podría perseguir a través de una novela biográfica, a través de una investigación acerca de su vida, además de detalles que yo creo que como colombianos y latinoamericanos un poco todos conocemos a través de aquello que fue ese gran, inmenso poeta, ese esteta, ese dandy, ese personaje de la sociedad bogotana de finales del siglo XIX, si no realmente en la construcción de José Asunción Silva como una especie de fantasma transgeneracional y que constituye nuestra identidad, yo diría como colombianos o, al menos, que ha constituido mi identidad. Quiero hablar un poco a título personal: este es mi José Asunción Silva personal. Es aquel que me ha perseguido como un fantasma desde que conocí su poesía, desde que admiré su estatura artística. Creo que hay un mito alrededor de él, hay un mito de él no ya como el escritor real, sino como un personaje de ficción, y yo entonces retomo ese personaje ficcionalizado por la cantidad de leyendas que hay alrededor de él, porque es que las leyendas alrededor de Silva no tienen fin, que si murió, suicida, fue asesinado, las dudas respecto a su orientación sexual, la insidias y calumnias alrededor de su vida privada, su verdadero talante como hombre político, cuando en realidad hay una frase muy celebre de él y es que las personas verdaderamente inteligentes no se ocupan de política. Lo dice él, seguramente, como un iconoclasta. Pero, esencialmente es eso, es un José Asunción Silva personal, que poco tiene que ver con el personaje histórico, porque es la forma en la que yo lo percibí, lo recibí allá en esa infancia en la que uno se aprendía el nocturno, se aprendía sus poemas y se interesaba por este misterio. Yo creo que en ciertos sentidos Silva es nuestro Poe, pese a que no haya escrito horror, creo que lo protagonizó, y eso es aún más potente que haberlo escrito.

¿Cuánto le tomó la escritura de Asunción?

Casi todas las novelas que uno escribe con amor las ha estado escribiendo toda la vida, porque hay personajes que lo persiguen como una obsesión a uno. Realmente, yo creo que cuando uno se decide a escribir sobre algún tema que ya lo habita es como una especie de zombi que te ha poseído, que está consumiendo tu imaginación y tu carne, y yo creo que eso sucede con Silva. Justamente, por eso, yo quise hacer una conexión entre este Silva, entendido como este gran escritor modernista, pero es que está justo a caballo entre el modernismo y ese romanticismo oscuro que une lo erótico y lo tanático. Entonces, para mi Silva es un personaje que se nutre, por supuesto, de ese último gran coletazo del romanticismo y que no le teme a la oscuridad. En esa medida, yo creo que esa oscuridad en Silva siempre me llamó la atención, la oscuridad de sus nocturnos, que son varios, ese carácter específicamente tanático, mortuorio de su poesía (…) Por supuesto, también sus filiaciones literarias: Leopardi, Schopenhauer, que él explícitamente menciona en sus poesías y, además, sus amistades reales con Mallarmé y toda la vanguardia del último romanticismo europeo, no del primero.

¿Siempre ha escrito literatura fantástica?

He acudido a la literatura fantástica en el género del cuento y del microrrelato, pero es la primera vez en la que lo desarrollo en algo de un aliento más largo como es la novela. Lo que yo quisiera mencionar es que lo fantástico, en este caso, es un pretexto para hablar del romanticismo oscuro. Es decir, es un símbolo para mencionar que en mi opinión Silva es nuestro representante que más profundamente tomó esa decisión agresiva, vital y definitivamente valerosa de vivir el romanticismo a ultranza. Es decir, para él, el romanticismo oscuro de finales del siglo XIX no fue un artefacto intelectual si no que fue un estilo de vida, algo que él se ponía, que él comía, que él vivía, era la forma en que él amaba, en que él escribía, por supuesto. Entonces, digamos que lo fantástico, en este caso lo gótico fantástico es el tema del vampirismo, del vampiro, de la figura del vampiro que une lo erótico y lo tanático en un solo ente que en sí mismo es un oxímoron, desde mi punto de vista es sobretodo simbólico de lo que hizo Silva con la literatura colombiana, que es introducirla de lleno en ese mundo europeo del que era un gran admirador, seguramente.

Según el veredicto del jurado, su novela “se articula como un largo cuento que juega con las viejas referencias de los relatos góticos de Poe y Le Fanu, así como con la ya larga tradición romántica de la literatura de vampiros, pero actualizándola y trasladándola a un escenario poco frecuentado por este tipo de historias, el Caribe, construyendo un espacio narrativo singular que los jurados definieron como “gótico tropical”. ¿Qué nos puede decir sobre esta idea del gótico tropical?

Como decía Borges, tenemos derecho a todas las tradiciones y yo creo que en realidad lo gótico no está ausente de la agresividad de nuestra naturaleza, de nuestra geografía y de nuestro mundo. Yo creo que lo hórrido está presente en diferentes elementos, sea de nuestra naturaleza tropical que de nuestra identidad. Yo creo que nosotros como colombianos vivimos al límite, creo que somos una sociedad que ha integrado la muerte de una manera muy particular. Por ejemplo, creo que, en algunos países de Europa, yo viví largo tiempo en Italia, la muerte se ha cancelado casi simbólicamente, es decir, uno no ve funerarias por ninguna parte, difícilmente la gente quiere hablar de morir o de la muerte mientras que para nosotros la muerte es algo que sucede muy fácilmente. En esa medida, la vida cuando se vive tan cerca de la muerte, se vive con un erotismo y una vitalidad mucho mayor. Yo creo que lo dionisiaco, entendido como el goce, entendido también como el goce sensual, en nuestro caso, y tal vez en todos los casos, está muy cerca de la muerte, está muy cerca de conjurar la muerte que al mismo tiempo de aceptar la muerte. Entonces, creo que el gótico tropical nos sienta muy bien. Aunque pueda ser algo que pertenezca a unas atmósferas invernales y a esos castillos desolados allá donde ubico un poco la primera parte de la novela, que es en Transilvania y en la llanura panónica entre Hungría y Rumania, en realidad yo creo que aquí florece muy bien y florece de otra manera, tal como florece nuestra naturaleza en la que todo se está devorando. Cuando uno ve la naturaleza tropical se da cuenta que los árboles están siendo continuamente devorados por las otras plantas, y los árboles están en una lucha permanente con todos los demás organismos vivientes. Yo creo que aquí el gótico se vive de una manera intensa y se puede hacer un abordaje literario, quizás que pueda dar una visión diferente de otras visiones de este tipo de literatura, de este género.

¿Qué le significa ganar un premio como este?

Nada, alegría, ganas de tomar vino con los amigos, ganas de justamente darle un espacio a lo dionisiaco después del trabajo largo, arduo e ingrato de escribir lo que Borges definía como un género laborioso y empobrecedor que es la novela, porque ciertamente la novela no te da satisfacciones fácilmente. Y uno acaba pensando, bueno esto lo escribo para mí, eso a quién le va a gustar. Pero, finalmente, cuando uno recibe como esta resonancia del mundo exterior es muy gratificante porque, bueno, se da cuenta que algo de lo que uno hace tiene significado o que tiene significado y que nada, que hay que ir corriendo a comprar whiskey o vino.

¡Felicitaciones!

El jurado calificador estuvo integrado por los novelistas Javier Montes, Pilar Ruiz y Germán Sierra, además del director de la editorial Menoscuarto, José Ángel Zapatero, y el funcionario municipal Regino Mateo, como secretario sin voto. Asunción será publicada por la editorial Menoscuarto y será presentada en Colombia durante la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá; su lanzamiento oficial se planea para la primera semana de junio, en la Feria del Libro de Santander (España), ambas en el año 2024. La profesora Mónica lleva dos años como profesora vinculada al Departamento de Lingüística y Filología de la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle. Es doctora en Estudios Lingüísticos Literarios y Teatrales por la Universidad de Alcalá de Henares, así como Magíster en Didáctica de la Lengua y en Ciencias del Lenguaje de la Universidad Ca’ Foscari (Venezia). Sus áreas académicas de interés abarcan los enfoques plurales de enseñanza de las lenguas, la intercomprensión entre lenguas de la misma familia, la enseñanza del español como lengua materna, segunda lengua y como lengua extranjera. Ha desarrollado labores de investigación y docencia para el Instituto Cervantes de Roma, para el Instituto Caro y Cuervo de Bogotá y para la Universidad LUISS de Roma. La profesora Chamorro es parte del equipo de investigación que ha venido trabajando en el Diccionario Histórico de la Lengua Español, bajo la dirección de la profesora Lirian Astrid Ciro.

Entre sus distinciones ha recibido el Premio Regional de Cuento del Ministerio de Cultura de Colombia (1998) y el Primer Premio del Concurso de Narraciones Breves (2000). Ha publicado el libro de relatos Remedia amoris (Axis Mundi, 2010), la novela El arte del mal morir (Calixta Editores, 2020) y el poemario bilingüe La carne de Dios (Caligrama, 2021). Es también autora de ensayos y artículos de opinión publicados en los diarios El Nuevo Liberal y El Tiempo, y en la revista Semana. Su última novela publicada se titula Ajedrez (Caligrama, 2022). Por ella recibió la distinción Talento Caligrama. Fue presentada en la Feria del Libro de Madrid.