
Hace algunas semanas anunciamos que la Universidad del Valle había sido invitada por la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) a integrar la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible. La representación de la Universidad en esta red fue asignada a la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Facultad de Humanidades.
En tiempos como los actuales, cuando nuestras certezas sobre las convenciones del lenguaje están inmersas en justas reflexiones, en el mejor de los casos, o son víctimas de la manipulación descarada con fines ideológicos, como parece ser tendencia, la idea de un lenguaje donde la claridad y la accesibilidad sean pilares se torna esperanzadora.
Interesados en conocer más acerca de las oportunidades que trae la participación de la Universidad en esta red, visitamos a la profesora Lirian Ciro, quien nos atendió en su oficina de la Escuela de Ciencias del Lenguaje.
Oficina de Comunicaciones: Profesora Lirian, ¿qué es esto de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible?
Lirian Ciro: Bueno, la Red Panhispánica se conformó hace relativamente poco, en el año 2022, gracias al liderazgo de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y al de la Real Academia Española (RAE). Se conformó como red ese año, pero surge de un movimiento que viene desde hace muchísimo tiempo, o sea, ya en la última década se venía hablando del lenguaje claro como tal. Ese movimiento lucha por el derecho de todos los ciudadanos a comprender.
Nosotros como ciudadanos de a pie nos hemos encontrado a veces con los escollos comunicativos de la administración, del derecho. Por ejemplo, cuando redactamos una tutela, un derecho de petición, y, en mi caso, yo no estoy formada en derecho y, al ser funcionaria pública, me he encontrado con este tipo de textos que es necesario redactar. Imagínese usted una persona de a pie que se encuentra con eso, que tiene que poner una tutela y que muchas veces no cuenta con las herramientas lingüísticas necesarias para ello. Entonces, si para nosotros como funcionarios públicos, que ya tenemos cierta competencia en lectura y escritura, se nos dificultan este tipo de textos, pues para ese tipo de personas sí que es complicado.
Entonces, es en ese marco que surge este movimiento, precisamente para establecer un canal de comunicación más directa entre lo que es la administración, las entidades públicas y el público general, no necesariamente letrado, un público que requiere términos mucho más cotidianos, que no sean necesariamente técnicos. Por ejemplo, en derecho se utilizan muchos arcaísmos, latinismos, sobre todo en expresiones fijas, que a veces no son totalmente transparentes para el usuario. Lo que se busca es precisamente eso. No es tratar al usuario final como una especie de niño, sino que las expresiones sean entendibles y que no haya lugar a ambigüedades que muchas complejizan la comprensión de diversos tipos de textos. Por ejemplo, existe esa expresión de la "letra menuda" o "letra pequeña". Esa “letra menuda”, esa “letra pequeña”, son las que oscurecen el mensaje y llevan a que, por ejemplo, quien está consultando una norma la malinterprete o que a veces termine metido en un lío jurídico simplemente por no haber comprendido o no haber visto esos elementos.
En ese marco surge este movimiento. El derecho a comprender es un derecho universal, y la ASALE y la RAE lo concretan en el 2022 creando esta red, precisamente tratando de que esas comunicaciones claras y accesibles surjan también dentro del marco de esta normativa general. O sea, de la normativa de lo que son los diccionarios, las gramáticas y todo esto, precisamente para pulir ese lenguaje que llega al público final.
OCH: Entiendo. ¿Cómo es la intervención de la red?
Lirian Ciro: Exacto. Esa es una cuestión que me faltó comentar. Por ejemplo, ya existe una guía de lenguaje claro para la administración y para las entidades públicas, que es del Departamento Nacional de Planeación, del 2015. De hecho, se puede consultar a través de la página web de la Universidad del Valle. Nuestra universidad, por ejemplo, ya sigue los preceptos de esta guía en todas sus comunicaciones. Esta red lo que busca es precisamente que las instituciones manifiesten esa voluntad de utilizar ese lenguaje claro y que todas esas comunicaciones se apeguen al buen decir, al buen escribir, pero que sigan también una guía panhispánica de lenguaje claro. No se busca que sea algo punitivo, sino más bien un acuerdo de voluntades. Por ejemplo, en mi caso, como delegada técnica de la Universidad del Valle, lo que hago es velar para que la universidad cumpla con ese tipo de elementos, no solamente en la página institucional, sino también a nivel normativo, en las resoluciones, para evitar ambigüedades y cumplir con las máximas de Grice: cantidad, calidad, relación y modo. El modo tiene que ver precisamente con esa claridad, evitar la ambigüedad y oscurecer el mensaje para que no llegue a equívocos. No se busca que todos los que accedemos a la normativa universitaria tengamos conocimientos de derecho, sino que conozcamos cuáles son las normas que nos rigen para así poder cumplirlas, pero también para que no se presenten contradicciones o malentendidos en relación con la normativa.
OCH: ¿No es complicado, por ejemplo, volver accesible el lenguaje en documentos donde los términos tienen una implicación muy fuerte? Me refiero al caso de documentos provenientes de áreas como el derecho o la medicina.
LC: Pues existen diferentes recursos discursivos, sobre todo en el campo de la contextualización. Por ejemplo, pueden ser definiciones explícitas o incluso reformuladores. Cuando el funcionario que está redactando el texto se encuentra con un tecnicismo, por ejemplo, en el caso que usted dice de la medicina, debe pensar: ¿quiénes van a ser los receptores de este texto?, ¿quiénes pueden llegar a este texto? Uno de los recursos puede ser, como he indicado, definiciones explícitas a pie de página o la reformulación: "tal cosa, es decir, esto", colocarlo en palabras cotidianas para que le llegue a un público mucho más amplio, o incluso la utilización de sinónimos contextuales.

OCH: Esa cuestión del lenguaje inclusivo, ¿cómo se relaciona con la idea de accesibilidad? ¿Es una garantía de accesibilidad o es una cuestión extra a tener en cuenta?
LC: No, claro, hay que tenerlo en cuenta. Además, con las inteligencias artificiales y todo esto, hay cuestiones bastante delicadas, no solamente lingüísticas, sino que traspasan al ámbito de lo social, lo cultural y lo ideológico. Desde el punto de vista gramatical, se recomienda la economía lingüística. Por ejemplo, un texto donde, en aras de la inclusión, se utiliza "todas, todos, todes", puede distorsionar el mensaje. Al empezar a leer, no se cumple con esa máxima de la economía lingüística. Entonces, la guía panhispánica busca brindar ciertos lineamientos desde el punto de vista lingüístico. Sé que es un debate fuerte, porque habrá quienes digan que el género gramatical tiene que corresponder al género biológico-cultural, pero desde lo normativo, hasta el momento, eso es lo que se sugiere, en aras de esos principios de economía lingüística y de hacer el discurso mucho más ágil y concreto.
OCH: Como representante en Colombia, ¿cómo funciona aquí la invitación que se le hace a la Universidad del Valle? ¿Es una invitación para que represente nacional o regionalmente?
LC: Sí, sería solamente a nivel de la Universidad, porque ya hay 250 instituciones que hacen parte de la Red. En Colombia, específicamente en esta ciudad, la Universidad Santiago de Cali y la ICESI también están. La invitación es precisamente, como es una institución pública, que nos unamos a la red como un acuerdo de voluntades, para que en los documentos que se publican, en todo lo que tiene que ver con la presentación de la universidad ante el mundo, por ejemplo, a través de internet, de su página web, estos principios de lenguaje claro estén claramente establecidos. La invitación se la hacen directamente al rector, y el rector la envía al Departamento de Lingüística y Filología. El profesor John Saúl Gil me contactó por el interés que ya teníamos con la red y con el Diccionario Histórico de la Lengua Española, y me preguntó si estaría interesada. Siempre me ha llamado mucho la atención, sobre todo desde que soy docente nombrada de la Universidad del Valle, porque me doy cuenta de que, por ejemplo, a los profesores que no tenemos formación en derecho, nos toca estar continuamente con resoluciones, decretos, y ese tipo de textos. Claro, uno termina por aprenderlos, pero no es porque los textos nos brinden facilidades, sino por el contacto continuo. Sin embargo, podrían existir otros mecanismos. De hecho, hay varios problemas en la universidad que se presentan, por ejemplo, ante instancias como el CIARP (Comité de Asignación de Puntaje), porque hay interpretaciones diferentes. El profesor dice: "Este decreto dice tal cosa", y el CIARP dice: "No, el decreto dice otra cosa". Eso implica que el decreto está mal redactado y no cumple con esos principios de lenguaje claro.
OCH: ¿Hay algo más que quisiera agregar?
LC: Sí, a mí me parece muy interesante este proyecto panhispánico, considero que es clave por esa idea del derecho a comprender. Muchas veces, en el ámbito universitario, se da por sentado que quien llega al ámbito académico es ya un gran lector, alguien con competencia en escritura. Entonces, se dan cosas por sentadas. Por ejemplo, una tutela: se da por sentado que todo el mundo sabe qué es una tutela, o un derecho de petición, o cómo redactarlo. Me parece clave que la universidad asuma este tipo de compromisos con la ciudadanía, porque de una u otra forma está comprometida con principios democráticos, pensando en cualquier tipo de personas, no solamente en la comunidad universitaria, sino también en personas fuera de ella. Por ejemplo, pensemos en una madre que no ha terminado la primaria, pero que su hijo pasó a la universidad y ella le está colaborando, buscando alguna cosa. Obviamente, va a tener menos problemas encontrando lo que busca si los textos están correctamente redactados, pensando en un gran público, no solamente en el público universitario, sino en cualquier tipo de personas que no manejan ciertos términos o textos académicos o especializados.


