Facultad de Humanidades

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A propósito de la muerte de Habermas

En un momento donde la argumentación, la búsqueda de consensos y la reflexión tienen, para un amplio público, el sambenito de ser meras pretensiones utópicas, es inevitable no leer la muerte de Jürgen Habermas (1929-2016) como un símbolo político. Parafraseando a Máriam Martínez-Bascuñán (El País, 14 MAR 2026), con la muerte de Habermas también se pierde a quien aún defendía con ahínco la validez de la pregunta sobre la competencia de la razón como fundamento de la democracia. Con su deceso, se va el último de los intelectuales que se codeó y polemizó personalmente con varios de los filósofos más determinantes del último tramo del pasado siglo: Adorno, Foucault, Luhman, Derrida y Rorty, entre otros, tal como lo señala Fernando Vallespín en su columna de (El País, 14 MAR 2026).

Son muchas las contribuciones del filósofo de Düsseldorf a la filosofía contemporánea. Su concepción de una razón al servicio de una comunicación libre que aportará al fortalecimiento de la democracia y de la justicia quedó plasmada en su teoría de la acción comunicativa. Sus nociones de esfera pública, ética del discurso, mundo de la vida, democracia deliberativa y, por supuesto, su teoría de la acción comunicativa, se estudian y se reinterpretan de acuerdo con las aceleradas transformaciones sociales que vivimos, tal como él mismo lo hizo en su último libro Un cambio estructural de la esfera pública y la política deliberativa (Trotta, 2025).

Su irrupción intelectual se dio en el seno de la teoría crítica; sin embargo, escapó del pesimismo comprensible de estos intelectuales exiliados de la posguerra, y propuso un amplio sistema teórico centrado en las posibilidades de la razón. Tal convencimiento, lo convirtió, como lo recoge Vallespín, en un perenne contradictor de las corrientes posmodernas. Igualmente, como nos recuerda Máriam Martínez-Bascuñán “Fue también, como se señaló desde la teoría feminista, un proyecto con puntos ciegos: su ideal de imparcialidad tendía a expulsar del espacio público precisamente aquello que no encajaba en el molde de la razón desapasionada. Pero era un proyecto. Tenía horizonte. Creía que el mundo podía ser mejor mediante la palabra”.

Con motivo del fallecimiento de este autor con más de siete décadas de presencia intelectual, quisimos averiguar qué tan importante fue su influencia en nuestro Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades. Para ello, los profesores Delfín Grueso y Martín Urquijo compartieron sus impresiones. Delfín Grueso destaca como primer acercamiento a la obra de Habermas, a inicios de la década de los noventa, la presencia de la filósofa española Adela Cortina en el Departamento. “Ella había desarrollado una ética kantiana en España. Tenía una gran influencia de Habermas, de quien había sido discípula”. Recuerda que la primera vez que, formalmente, se habló sobre Habermas en el Departamento fue en alguna de las primeras cohortes de la Maestría en Filosofía de la Universidad del Valle, a mediados de la década del noventa.

Delfín Grueso rememora la perplejidad que le produjo la preocupación del filósofo y profesor visitante Ernst Tugendhat (Brno, 1930-2023) ante el compromiso de dictar en Bogotá una conferencia sobre Habermas. “(…) ‘¿Usted no conoce la obra de Habermas?’, le preguntamos. A lo cual él respondió, ‘Sí, pero él no dice nada’. Bueno, yo creo que ni en ese momento ni después creímos eso que decía Tugendhat acerca de Habermas”. Sin embargo, para Delfín Grueso, el primer ejercicio más o menos riguroso de lectura de Habermas se dio después, en la misma Maestría, con el filósofo antioqueño Guillermo Hoyos, quien, en aquellos años, era el más importante difusor del pensamiento de Habermas en Colombia. No en vano, la filósofa Adela Cortina tituló en El País, a la muerte de Hoyos en 2012, "Guillermo Hoyos, un filósofo en la estela de Habermas” (El País, 08 ENE 2013).

Delfín Grueso sostiene que “particularmente, creo que Habermas tuvo una gran influencia en nuestro Departamento, no como la que puede tener en la Universidad de Antioquia y en la Javeriana. No creo que actualmente la tenga mucho en la Universidad Nacional, […] tal vez cuando estuvo Guillermo Hoyos. Pero cuando profesores como Rubén Jaramillo Vélez, Carlos B. Gutiérrez y Guillermo Hoyos se jubilaron de la Nacional, la presencia de Habermas se diluyó bastante, por la forma en que ganó el espacio la filosofía analítica”.

El profesor Martín Urquijo considera que Habermas no ha sido una figura preponderante en el Departamento. Afirma, “primero, porque más o menos en el año 96, del siglo pasado, la corriente de filosofía que se manejaba en el Departamento giraba en torno a la filosofía del lenguaje. Era la corriente de Adolfo León Gómez, con una línea analítica, y los analíticos, el caso de Austin y Searle, tienen una filosofía del lenguaje que era más que todo científica. En ese sentido, la reflexión de Habermas sobre el lenguaje viene a ser más hermenéutica e interpretativa, que no calaba mucho en ese momento”. Fue fundamental la llegada del profesor Pedro Posada para la introducción definitiva de la obra de Habermas en el Departamento de Filosofía. Durante su periodo como profesor nombrado, Posada dio varios seminarios y cursos sobre Habermas. También el profesor Martín Urquijo ha dictado cursos sobre Habermas, enfocados, especialmente, en sus teorías sobre la ciudadanía y la democracia.

Para Urquijo “la propuesta habermasiana en torno a la ética es un capítulo nuevo. La ética había sido pensada en torno a las virtudes, como en Aristóteles, la ética deontológica de Kant o el utilitarismo de John Stuart Mill. Esta propuesta es una ética donde se tiene en cuenta que los sujetos tenemos capacidad de lenguaje y acción. A través del lenguaje podemos convivir. El lenguaje nos va a permitir llegar a consensos, establecer prácticas discursivas. La ética discursiva va a jugar un papel preponderante en la filosofía o en las teorías éticas contemporáneas [donde] el ciudadano, realmente, juega un papel protagónico”.

Además de los profesores Pedro Posada, Delfín Grueso y Martín Urquijo, otros como William González y Nelson Cuchumbé son conocedores y han hecho elaboraciones a partir de Habermas. La obra de Habermas, citando a Adela Cortina (El País, 18 MAR, 2026), demuestra que “las humanidades y las ciencias sociales son imprescindibles para construir sociedades emancipadas, libres de ideología”. Seguramente, con ocasión de la muerte de Jürgen Habermas se reabrirá la reflexión y la discusión alrededor de sus elaboraciones sobre la democracia y la razón pública, entre otras contribuciones importantes. Su legado debe incorporarse y fortalecerse en los debates contemporáneos, pues ante la fragmentación de la discusión pública en sectarismos superficiales y el debilitamiento de la argumentación como ejercicio básico para el entendimiento, solo queda trabajar en la rehabilitación de espacios donde la escucha y el diálogo sean valorados.